# 1 – Los Maestros y especalistas.

LOS MAESTROS Y LOS ESPECIALISTAS

Una gran controvercia se genera cuando se toca este tema. Muchos Maestros no se ponen de acuerdo sobre la idea de buscar el dominio de todo el arte o identificarse con alguna tecnica especifica o kata. Algunos Sensei se inclinan hacia la idea por demas cierta que no nos alcanza la vida para enfocarnos en el dominio de todo el contenido tecnico de un estilo. Otros en cambio se mantienen en el concepto de que se debe ir dedicando tiempo al estudio y practica constante de todas y cada una de ellas. Pero tambien estan los que piensan que se puede ir desde lo basico a lo avanzado, y pacientemente llegar a conseguir que la utilizacion de las tecnicas deriben en la aplicacion de una o dos a las cuales les demos mayor adaptacion a nuestro cuerpo o pensamiento y sentimiento. Lo mismo sucede con la practica de los Katas, siempre vamos a contactar con uno que no solo nos guste mas, sino que sea aquel con el cual formaremos nuestro enfoque del Arte.
Antes de que uds. mismos se hagan este planteo, o mejor dicho lo desarrollen, ya que seguro que muchas veces han pensado en esta realidad. Les sugiero que lean lo que viene a continuacion y luego y en base a vuestra propia experiencia OPINEN, para asi enriquecernos a todos.

Gerardo Balves

Una leccion para reflexionar:
Los “tres invencibles” alumnos de Tode Sakugawa
Tode Sakugawa tenía tres alumnos que eran conocidos con el mote de “Los tres Invencibles”. Tres amigos que iban juntos a todos los sitios, se llamaban Okuda, Makabe y Matsumoto. Eran sus sempais (asistentes de confiqanza del maestro o hermanos mayores) y eran muy admirados por el público.
Okuda era el especialista supremo. Era “el golpeador”, que podía poner fuera de combate a cualquiera. Tenía el sobrenombre de “Mano de Hierro”. Los campesinos, cuando conversaban a cerca de él decían: “Okuda puede matar a un toro de un golpe”. Su fama era tan grande que cuando llegaba de visita a otras ciudades, era recibido con gran admiración, y pronto se veía rodeado de muchos admiradores incondicionales que le daban palmadas en la espalda y se empujaban para andar al lado de él .
Makabe era pequeño. Pero era muy rápido, listo y esquivo en sus movimientos. La leyenda decía de él que había nacido debajo de las alas de una golondrina. Le llamaban “el hombre pájaro”. También levantaba pasiones cuando aparecía por algún sitio público.

De entre los tres, Matsumoto era practico. Hacía todo, era un perfecionista de la técnica básica y sus hirikumi y kumites (combates) no tenían nada fuera de lo normal. Evidentemente, no tenía ninguna especialidad. Cuando los tres amigos caminaban juntos por las calles, nadie se acercaba a él. No era un espectacular… Cuando alguien le preguntaba a otro, “¿Quién es ese? ¿cuál es su especialidad?, ¿ qué puede hacer?” la respuesta siempre era parecida a esta: “Ah, él. Es un buen profesor. Nada especial”.
Sucedió entonces que un barco proveniente de China recaló en el puerto de Naha, Okinawa. A bordo venía el capitán del barco que era muy conocido por su fortaleza física y como gran peleador. Se llamaba Oshima-Kuryu y era de origen chino. Este capitán tenía la costumbre jactanciosa de ir retando a cualquiera que pretendiera quitarle la supremacía de la fuerza física. Efectivamente, nunca había perdido una pelea y presumía en público de su poderío.
Nada más poner pie en tierra, Oshima ya estaba preguntándose si encontraría pronto a alguien que quisiera enfrentarse a él. Se decía: ” La gente de aquí ya me conoce. Nadie aceptará un reto. Tengo que inventar algo”.

Por fin tuvo una idea. Una noche se dirigió a la taberna del puerto y, después de provocar y dar una paliza a un fornido marinero, le quitó la ropa como un signo de victoria y burla a los lugareños. Siguiendo este maquiavélico plan, continuó así noche tras noche. Al cabo de un tiempo, se corrió la voz por toda la ciudad de que un enorme chino estaba burlándose de los burdos pescadores okinawenses. Esta queja llegó a oídos de las autoridades policiales, que naturalmente estaban formadas por oficiales chinos, los cuales, en circunstancias similares, siempre miraban para otro sitio.

Las noticias llegaron a la ciudad de Shuri, y finalmente a oídos de Tode Sakugawa, que por entonces actuaba de Magistrado, un trabajo que era realizado en aquellos tiempos por maestros de karate gracias a su buena reputación.
Una noche, los tres mejores alumnos de Sakugawa decidieron bajar al puerto para tomar unas copas. Los “Tres invencibles” estaban bajando en animada charla por el único camino que bordeaba la montaña en dirección al puerto, cuando una gran sombra se interpuso en su camino. Allí estaba aquel hombretón con, varias ropas colgando de su hombro. Inmediatamente se dieron cuenta de que se trataba del matón del que tanto habían oído hablar.
Okuda decidió entrar en acción. Dijo:
“¡Eh, tú alto! ¿ Eres tú el que está provocando tanto alboroto en la vecina ciudad de Naha? Si lo eres, date la vuelta y márchate de aquí ahora mismo o nosotros te obligaremos a ello”.
Oshima- Kuryu, muy despacio, movió negativamente la cabeza y contestó: “Solo me marcharé si soy vencido. ¿ Veis estas ropas?, se las he quitado a expertos como vosotros”.

Okuda, en ese mismo momento se lanzó contra él y le aplicó su famoso golpe de toro. Kuryu se apartó hacia un lado y el puñetazo acabó en el aire, desequilibrando por la inercia a Okuda, el cual acabó girando sobre su propio cuerpo. Kuryu aprovechó la ocasión y, con la gran experiencia ganada en cientos de peleas callejeras, aplicó un golpe seco al cuello de Okuda que acabo con su conciencia y con el cuerpo tirado por el suelo.
“Mañana volveré por aquí a la misma hora”, dijo Kuryu , y se marchó orgullosamente.
Durante todo el día siguiente, Makabe entrenó específicamente la serie de argucias y de técnicas que pensaba utilizar la próxima noche. Golpeó con fuerza un pesado saco de arena, entreno el triple en la makiwara, e hizo “fintas” de cintura para esquivar los puñetazos. Por la tarde practicó con sus alumnos golpeando duramente a todos. “Pobre de Kuryu”, pensaban los discípulos mientras caían magullados por los golpes, “Si Makabe puede con todos nosotros, ¿qué no podrá hacer contra un hombre solo?” El espíritu en el Dojo era muy alto.
Esa noche, Makabe, “el hombre Pájaro”, estaba esperando. Oshima-Kuryu no faltó. Pelearon. Makabe era rápido, inteligente y astuto. Pero no fue suficiente. El chino aguantó todos sus ataques y finalmente , después de un cuerpo a cuerpo, proyectó violentamente al okinawense contra el suelo, dejándole sin respiración. Kuryu volvió a ganar. Makabe nunca había entrenado en un cuerpo a cuerpo. Tampoco sabía cómo pelear en el suelo, ni cómo zafarse de una llave a una articulación.

La gente del pueblo oyó las noticias y comenzó a preocuparse profundamente. Todos deseaban que Tode Sakugawa salvara el honor del pueblo Uchinanchu. Querían que el Gran maestro se enfrentara a ese presuntuoso extranjero Chino. Pero Sakugawa dijo:
” No os preocupéis. Mis dos alumnos han fracasado porque estában demasiado ensimismados en una sola técnica, ya se los habia advertido en varias ocaciones. Ahora han aprendido.
Para vencer a ese hombre hace falta improvisación y usar el cuerpo y la mente en unidad. El cuerpo solo vence si el oponente responde bien a tu ataque premeditado y se deja engañar, pero contra un combatiente fuerte y muy desorganizado solo vale usar la mente intuitiva. En la fuerza contra la fuerza, vence el más fuerte. En la fuerza contra la fuerza y la mente juntos, vence la segunda opción. Matsumoto, al principio tambien se inclino por ser un especialista, y ahora es practico y amplio a la vez ; él ganará”.
No estaba todo el mundo de acuerdo con la opinión de Sakugawa, incluso se llegó a decir que en realidad lo que quería era evitar el combate con el terrible capitán del barco. ¿Cómo iba a ganar Matsumoto si nunca había destacado en nada especial? Las apuestas comenzaron a circular raudamente y la mayoría apostaba por Oshima-Kuryu.
Aquel día Matsumoto lo pasó pescando en el puente. La gente le veía y decía : “¿Cómo va a vencer a Oshima si no se entrena y no es siquiera capaz de pescar ni un pez?”

Otros pensamientos muy distintos calmaban la mente de Matsumoto:

“Un rayo de tormenta dura un instante y debe caer en el sitio correcto para ser mortífero, pero el rescoldo de un buen fuego dura más tiempo y de él salen muchas más ventajas”.
Efectivamente, en la tercera noche, allí estaba Matsumoto, esperando al capitán chino. Cuando se encontraron frente a frente, el okinawense se percató de que tenía delante de él al más poderoso contrincante con el que se hubiera enfrentado jamás.
Se estudiaron durante un largo periodo de tiempo. Se movian constantemente. Sin que Matsumoto apenas hiciera ruido. Por el contrario, el chino resoplaba, y pudo mas su ansiedad: al punto que empezo a saltar, se abalanzaba una y otra vez tirando docenas de golpes, gritaba…¡se convirtio en un impresionante espectáculo de fuerza bruta! Mientras tanto Matsumoto se contentaba con desviar los embates y a mantener la distancia justa, utilizando constantes taisabakis.
Finalmente, cuando Oshima comenzaba a mostrar signos de gran fatiga, pues apenas podía respirar, atacó torpemente con las últimas fuerzas que le quedaban intactas. Matsumoto desapareció delante de él, y esto es lo último que vio el enorme chino. Le aplicó un golpe al hígado que derribó simultáneamente la vanidad del hombretón y su enorme cuerpo. Quedó en el suelo retorciéndose de dolor, asfixiado y sintiéndose morir, pues tal es el efecto que produce un certero golpe al hígado, aunque la potencia del impacto sea floja y en este caso; no lo fue. El impacto fue tan preciso que Oshima Kuryu necesitó varios meses para recuperase.
“Ha llegado la hora de retirarme”, declaró Oshima meses después. “Me siento feliz por haber sido vencido por un hombre que domina la técnica básica y que es discípulo del maestro Sakugawa. Todos mis oponentes anteriores eran dominadores de una sola tecnica. Todos tenían algún truco que era fácil de detectar y no les fue suficiente para vencerme”. Después, desapareció de la historia de la artes marciales sin dejar más recuerdo que el haber sido vencido por un alumno practicante perpetuo de todas las tecnicas basicas aprendidas del maestro Sakugawa.

Cuando muchos años más tarde, Tode Sakugawa se retiró, pasó su Menkyo-Kaiden, es decir, el certificado de máxima competencia que en el Karate se entrega solamente a aquel alumno que tiene toda la confianza del maestro y que solo se entrega una vez en la vida, a Matsumoto. Sin embargo, su mayor logro se produjo cuando tenía 78 años. Fue entonces cuando el Gran Sokon Matsumura vino a él para recibir clases como alumno, y llegara aun a superar la maestria de Matsumoro. “Bushi” Matsumura sin embargo era partidario de entrenar todas las tecnicas, dominarlas, y una vez conocidas profundamente enfocarse en aquella que fuera solamente conocida por el, y la cual entrenaria doblemente. “Conocer el arbol sin perder de vista el bosque.”

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