# 7: SHIGERU EGAMI

SHIGERU EGAMI Sensei

Shigeru Egami nació en 1912 en la prefectura de Fukuoka, fue uno de los alumnos más antiguos de Gichin Funakoshi y además uno de sus seguidores más fieles y correctos. Fue por esto que O-sensei dejó su organización, Shotokai (la Asociación de Shoto, pseudónimo del Maestro Funakoshi), en sus manos . Egami conoció a Funakoshi cuando tenía 18 años de edad, momento en el cual comenzó a practicar Karate-do en la prestigiosa Universidad de Waseda, en la cual ayudó a fundar su club de Karate. Anterior a ese momento ya había practicado judo, kendo y aikido. Acompañó varios años a su Maestro junto con Yoshitaka y Shimoda dando demostraciones por todo Japón para difundir el nuevo arte marcial japonés. En 1937 es nombrado por el Maestro Gichin Funakoshi, miembro del Tribunal de Grados de la Asociación, llegando a ser el instructor más joven de la época. Enseñó Karate-do en las universidades de Gakushuin, Toho y Chuo.
Luego de la muerte de Gichin Funakoshi en 1957, Shigeru Egami inicia la tarea de cambiarle la reputación de “arte mortífero” al Karate, algo que O-sensei trató de hacer toda su vida. Su idea fue la de hacer llegar a Karate-do como una lucha contra sí mismo, con autosacrificio, llevando así las bases filosóficas del arte a todos los otros aspectos de la vida. El concepto esencial era el de autorealización, por encima de los logros combativos. Como directa consecuencia Egami eliminó muchos conceptos sobre la victoria en el combate, buscando una armonía física, un equilibrio del ser humano a través de la práctica de Karate-do.
En cuanto al Karate que Egami desarrolló a través de sus años de estudio, se varió la mecánica de algunas técnicas, la zona de golpe, los desplazamientos, etc. En grandes rasgos el método es más fluido, más continuo. Se puso mucho énfasis en la relajación y en el desarrollo de un perfecto kime, enfocando toda la energía en un solo punto. Shigeru Egami puso énfasis además en la idea del golpe único y eliminó, a través de estudios, toda técnica que se considerara ineficaz o dudosa, usando el criterio de que debía estar en armonía con la naturaleza del ser humano.
Shigeru Egami nunca transó sobre un aspecto esencial del Karate-do, éste fue el evitar el combate deportivo. Consideraba que al competir se modificaba demasiado el espíritu y el entrenamiento del Karate-do, habiendo mucho más en Karate que el ganar combates.
Aunque es claro que la técnica mostró una evolución durante la vida de Gichin y Yoshitaka Funakoshi, algo que permaneció invariable y que fue continuado por Shigeru Egami fue el aspecto espiritual y formativo. En eso siguió el camino trazado por Gichin Funakoshi y revitalizó y perpetuó el DO. Uno de los grandes legados de Egami fue exactamente ese, el evitar comercializar, diluir y destruir el Karate-do a través de la competencia deportiva y profundizar el estudio de los aspectos internos y filosóficos del arte.
En su vejez varias enfermedades aquejaron al maestro Egami. Una embolia cerebral lo tuvo tres meses sin comer, en esa ocasión se puso a prueba su fortaleza, llegó a pesar 37 kilogramos.

En 1981, el 8 de enero, una pulmonía apagó la vida de este gran maestro. Según registros de su vida se puede concluir que su prematura muerte se debió en parte a su duro entrenamiento que dejó marcas en su salud. Egami sacrificó mucho de su salud y bienestar para llegar a su verdad, una herencia que actualmente perpetúan muchos practicantes en el mundo, que siguen y respetan las líneas trazadas por él.
Una de los mayores aportes de Shigeru Egami es haber planteado los problemas fundamentales que conlleva la práctica del karate y haber intentado responder a través de una experimentación sistemática. Este texto que escribió en 1970 ilustra bien su enfoque.
¿Es el karate una técnica para matar? El maestro Funakoshi nos enseñó que en karate nunca se ataca el primero y que hace falta ir al encuentro de la naturaleza a través del cuerpo y el espíritu. Sin embargo, hace más de una decena de años, cuando volví a encontrar uno de mis colegas de karate de otros tiempos, me dijo: “¿Cómo? ¿Continúas aún la formación de asesinos?”. Estas palabras me sofocaron de sorpresa. Por lo que había dicho, tenía que admitir que había gente que pensaban como él.
Recusando su opinión, me costó persuadirme a mí mismo. Aunque se diga que el karate es un budo o hyoho (arte de la estrategia) que comporta un entrenamiento espiritual, ¿no es esta una justificación hipócrita de simples técnicas destinadas a romper la cabeza y a matar?
Cada vez que he sido invadido por este interrogante, yo mismo me he dicho: “No, no es posible.Es imposible”. Pero he tenido que reconocer una carencia profunda dentro del karate de nuestra época, en las maneras de practicar y de entender la significación de los kata.
Atravesé periodos de angustia, de impasse de tortura que fueron una lucha sangrante contra mí mismo y acabé por comprender qué es el heiho, método de la paz que proviene de la adquisición de la cultura japonesa. Cuando entendí la vía del heiho, la vía del método de la paz, me embargó una emoción que hizo temblar todo mi cuerpo de alegría.
Hoy la vía del karate ha perdido su calidad y se ha degradado hasta el punto de ser calificada como entrenamiento para matar. Debo contribuir a redirigirla hacia una verdadera vía, la vía del karate; esto quería enseñarnos el maestro Gichin Funakoshi. Pienso que es mi única vocación, ya que soy adepto a la vía del karate.
Heiho, el método de la paz, nos enseña a vivir verdaderamente más allá de vida y de la muerte, a vivir una vida verdaderamente magnífica. ¿Cómo debe ser el karate-do, método de la paz, heiho? ¿Cómo debo actuar para transformar cualitativamente la técnica de combate en método de la paz? ¿Cómo concebir las técnicas de cuerpo? ¿Cómo debo abordar los problemas del espíritu?
Día tras día, me entrené invirtiendo mi vida en afrontar estas preguntas. Me entrené limando mi vida a fin de sobrepasar cada día el entrenamiento de ayer. Viví a fondo día tras día sin dejarme llevar por el pensamiento del mañana, reteniendo mi pensamiento aquí y ahora. Gracias al maestro, a mis predecesores y a mis alumnos conseguí aproximarme a las técnicas que buscaba.
Si alguien me pregunta: “¿Continúas la formación de asesinos?”. Puedo responder: “No”, con convicción.

Conozco claramente la dirección hacia la cual debo avanzar hasta que haya consumido toda mi vitalidad.
Nosotros, los hombres mediocres, tenemos que caminar a cada paso sosteniéndonos por verdaderas amistades hacia el estado último de la vía. Yo, que siempre he buscado vencer, que he perdido cada vez la lucha de la vida, he acabado por conseguir este pensamiento. Es una vía que han seguido los japoneses, con el verdadero espíritu japonés, el espíritu original de los japoneses.
El Maestro Shigeru Egami piensa que, a pesar de las indicaciones del Maestro Gichin Funakoshi, siguió mucho tiempo una vía errónea dentro de su búsqueda del karate. Escribió:
Lo que escribo aquí no es más que una expresión del proceso de mis reflexiones y de mis experiencias durante cuarenta años de camino dentro de la vía del karate. Sería feliz si pudiera aportar una ayuda a aquel que busca convertirse en experto de esta vía.
Pienso que el maestro Gichin Funakoshi intentó trazar un camino durante los 90 años de su vida; siguió una vía difícil. He llegado hasta aquí caminando sólida y voluntariamente sobre el caminó que nos indicó. Caminar sobre un camino marcado por nuestros predecesores tampoco es fácil, ya que hay siempre problemas de estado de ánimo para nosotros que somos hombres ordinarios. Incluso si un camino ha sido desbrozado una vez, hay quien se pierde con el tiempo. Por eso algunos se extravían y otros entran dentro de un laberinto a fuerza de querer precipitadamente encontrar eficacia. Llegando a veces a dudar sobre abandonar esta búsqueda penosa. Sin embargo, somos felices ya que hay en todo caso un camino que ha sido trazado al menos una vez. Quitando las hierbas y las piedras podemos percibir las trazas del camino.
Un día de mi juventud me extravié, abandoné este camino y me encontré en un laberinto…Tardé tiempo en comprender esta situación y para volver sobre el buen camino tuve que atravesar un periodo penoso y difícil. Cuando me encontré en la vía correcta tenía ya más de 40 años. Pero encontrarme en una vía justa me llenó de alegría y desde ese día he podido hacer frente a otros tipos de dificultades y he llegado, en todo caso, hasta el último punto del camino que mi maestro trazó.
No hay que apresurarse nunca, es la lección que saqué de mis experiencias…
Cuenta esta anécdota […] que ilustra el entrenamiento que practicaba entre los 25 y 30 años y los consejos dados por G. Funakoshi.
Hacia 1936 alrededor del maestro Yoshikata Funakoshi, los jóvenes alumnos se reunieron para construir el dojo central que se llamó Shotokan a partir del seudónimo en caligrafía del maestro Funakoshi. Llamábamos este dojo “Honbu dojo” (dojo central). Todos estábamos muy orgullosos de este magnífico dojo que nosotros mismos habíamos construido, esto estimulaba el ambiente de entrenamiento. Los dos maestros Funakoshi, Yoshitaka y Gichin, nos entrenaban con una sonrisa de satisfacción.
Fue en 1937 o 1938, poco tiempo después del fin de mis estudios a la universidad. Me entrenaba con empeño, por el día en el dojo de la universidad y por la noche al Honbu dojo. Una noche entrenaba el desplazamiento de la kata Tekki en este dojo donde no había nadie. Y me hablaba a mi mismo.

“Sin poner el talón, poner el pie con sokuto…” y efectué un fumikomi con determinación. Entonces oigo un ruido seco de parquet. Sorprendido, miro al suelo. Mi sokuto cortó en dos una de las láminas de parquet nuevas. No estaba rota, es como si la hubiera cortado. Me sorprendí y al mismo tiempo contento de haber podido realizar tal hazaña técnica. Pero como había roto el parquet de un dojo nuevo, fui a informar excusándome al joven maestro (Yoshitaka).
Desciende al dojo diciendo:
“¡Ah, bueno! ¿Ha hecho eso? Pero no es fácil de romper”.
Viendo el parquet, exclama:
“¡Oh, es extraordinario! Se diría que ha estado cortado, no roto. Por el parquet no es grave, basta con hacerlo reparar”.
En vez de hacer un reproche, es más bien elogioso para mi y me anima. Interiormente estoy orgulloso y contento. Es en este momento que percibo la presencia del viejo maestro (Gichin).
“¿Es usted, Egami, quien ha roto este parquet?”
“Sí, maestro, os pido perdón”. Pidiéndole perdón pienso para mi que me felicitará.
“Sígame”.
Le sigo a su habitación del primer piso. Sentado ante el maestro, me siento un poco inquieto. Al cabo de un momento de silencio el maestro dice.
“Egami, ha hecho otra vez una cosa parecida. El verdadero entrenamiento no debe ser lo que ha hecho. En el entrenamiento de antes no hacíamos cosas brutales como esa. En un verdadero entrenamiento, hay que poner una puerta de shoji (marco de madera con una hoja de papel extendida) sobre el suelo y tirar agua Shigeru Egami sensei encima. Entrenaos sobre este papel sin desgarrarlo y desplazaos sin romper las finas armaduras de madera ejercitándoos en las técnicas con potencia. ¿Comprendéis porque debemos buscar la técnica?”
He aquí una preciosa enseñanza de mi maestro.
¿Qué tipo de errores S. Egami pensaba haber cometido en su juventud?
Descubrí el karate hacia 1924 cuando estaba en el instituto. Los movimientos extraños y las técnicas de un contramaestre de trabajos de construcción, originarios de Okinawa, me parecían misteriosos e intrigantes, con el tiempo comprendí que no era más que un debutante…
Algunos años después, cuando entré a la universidad, empecé seriamente con el karate. El entrenamiento estaba lejos de ser misterioso. Se trataba de repeticiones y de entrenamiento de fuerza. Este entrenamiento satisfizo mi primer deseo: llegar a ser fuerte.
Este tipo de entrenamiento permitía volver el espíritu combativo y fortalecer el cuerpo, pero comprendí progresivamente que se trataba de una fuerza física parcial y superficial… Me entrené en tsuki y en keri con la voluntad de ser lo más fuerte posible invirtiendo mi vida, lo que me permitió obtener una fuerza notable. Pero con el curso del tiempo tuve que comprender los límites de la fuerza física y de la fuerza humana, lo que me condujo a una reflexión sobre la búsqueda posible. Comprendí los límites de un ser humano e intenté alzarlos explorando y creando nuevas posibilidades.
Aquel que es débil se convierte en fuerte, aquel que es fuerte se convierte en más fuerte aún, pero hay un límite en la búsqueda de la fuerza física. ¿Qué es la verdadera fuerza que no se puede obtener por un entrenamiento físico llevado al límite? ¿Existe tal cosa? …
Pensaba cuando era joven que el karate debe ser absolutamente eficaz y practicaba el combate libre e igualmente, para reforzar el tsuki, golpeé un makiwara particularmente sólido, en vez de utilizar una plancha ligera, utilicé un poste cuadrado de 9 cm.
Así me desvié del verdadero karate…
El interrogante concierne al método de las diferentes escuelas de karate, tal como el Goju-ryu o el Uechi-ryu donde los adeptos se ejercitan en la fuerza y en la resistencia física y alcanzan efectivamente capacidades importantes. ¿Cómo las debemos considerar? ¿Queda abierta también esta cuestión?
Shigeru Egami continúa:
Después de esta etapa debí empezar yo mismo a desbrozar un nuevo camino y a seguirlo. La dificultad y la dureza de este trabajo superaban toda expresión. Tuve ganas muchas veces de abandonar y de partir lejos de esa vía. Se trataba de un trabajo donde invertía mi vida. Lo que puedo hacer ahora es incorporarme, indicar a las personas jóvenes la cima de la montaña y mostrarles como trazar un camino. Hay que confesar que estoy un poco cansado de este trabajo. No puedo ya luchar con los jóvenes. Deseo que avancen y vayan más lejos que yo.

Un tsuki se convierte en un tsuki después de haber tocado el cuerpo del adversario. Es inútil preocuparse de la velocidad (que no es más que un estado del tsuki antes de tocar su fin), sino que hay que preocuparse de si el tsuki es verdaderamente eficaz. Para eso hay que entrenarse examinando el estado y el movimiento de vuestro espíritu igual que el del adversario. Busca una solución en la manera de realizar la unidad de cuerpo y de espíritu. Reflexioné sobre este tema, me atormenté, sufrí y finalmente acabé por descubrir que existe un método espiritual shinpo por el cual la fuerza se concentra en la técnica. La verdadera fuerza aparece solamente cuando el cuerpo y el espíritu consiguen formar una unidad.
Con estos logros, volví a sumergirme en los entrenamientos que me llevaron a sobrepasar la situación primaria del arte del combate, el estado animal del combate en el cual buscaba ganar a cualquier precio, para ir hacia una fusión con mi adversario. Salí del mundo conflictual y me encontré en un mundo de armonía y comprendí que era por allí que podía encontrar la vía, la verdadera vía del karate. La idea de la armonía y la vía le parecerán frágiles y débiles a un debutante o a aquel que valora la fuerza física, pero nada hay más fuerte que la armonía y la vía, ya que ellas se sitúan en la más alta cima de la búsqueda de un arte marcial.
En el plano técnico, las consecuencias son el paso de la dureza a la ligereza: Mis técnicas cambiaron, yendo de la dispersión hacia la concentración, de la dureza del cuerpo hacia la fuerza en la ligereza. Todo va hacia el estado natural, el que tiene por efecto rejuvenecer el cuerpo y el espíritu. La eficacia y el modo de expresión cambiaron cuando seguí mi método de entrenamiento con técnicas de base, kata y combate. Los cambios deben hacer la práctica más fuerte y más estética. El ritmo de movimientos técnicos equivale a una música, los trazos dibujados en el espacio se pintan sobre una tela que es el Universo. Hay que entrenarse con el fin de fundirse con la naturaleza y el Universo.
La vía del karate puede servir de base a todo tipo de arte y ella es también un resultado último del arte marcial.
Shigeru Egami se interroga largamente sobre la vía del karate y su devenir:
Hay que decir que actualmente la situación en el karate se ha degradado completamente. Ante esta situación siento también una responsabilidad. En mi juventud, pensé y actué con la idea directriz de ser eficaz en una situación real. Practiqué pues, principalmente, el combate libre que es la forma original del actual combate de competición. Para volver potentes mis puñetazos, me entrené al más rígido makiwara. Así me aparté del entrenamiento esencial.
No comprendo porque el karate continúa hoy evolucionando en la dirección errónea nuestra de hace ya bastantes decenas de años, al contrario de la buena dirección.
Si se definiera el karate como una pura competición deportiva no tengo nada que decir. Pero, ¿no es tiempo de reflexionar para redefinir qué debe ser el karate?
Shigeru Egami definió el método de la vía del karate que el sigue por el heiho, método de la paz.

No hay un método que permita hacer progresar a los adversarios mútuamente y de vivir mejor el uno y el otro. Se trata de un método que iría más allá del budo. ¿No es necesario buscar tal método? La vía del karate nos propone un tema de búsqueda: cómo vivir nuestra vida que no es más un instante con respecto a la eternidad? Cada instante irrisorio de nuestra vida está ligado a la vida eterna a través de la vía. La vía del karate nos enseña la vida real… El heiho, el método de la paz, forma parte de la tradición japonesa. Se trata de un método para hacer vivir a los hombres y no para matar. Pienso que es alzando la calidad del karate hasta el heiho que llegará a ser un verdadero karate-do.
Shigeru Egami considera que este método es un resultado de su búsqueda del karate, prolongando la enseñanza que recibió de Gichin Funakoshi. Pienso que se trata en efecto de un prolongamiento magnífico y de un desarrollo del karate tal como el primero lo concibió. Sin embargo hay que reconocer que desde el punto de vista técnico la forma de karate que estableció Shigeru Egami es muy diferente de la que enseñó Gichin Funakoshi. Comparándolas, estas dos formas aparecen tan diferentes que es difícil pensar que una es el desarrollo de la otra si no tenemos un conocimiento previo de su relación y evolución. En efecto, las diferencias son sorprendentes en la posición del cuerpo para cada una de las técnicas, la cadencia y la amplitud de ejecución técnica, la técnica del puñetazo y de la patada.
Desde el punto de vista técnico, creo que se debe considerar que se trata más de una creación nueva sobre la base del karate de Gichin Funakoshi que de su desarrollo directo. Así es, Shigeru Egami reconstruyó su karate inspirándose profundamente en el Shinwa-taido, fundado por Shoyo Inoue y en el aikido de Morihei Ueshiba.
La idea del karate-do por el método de la paz (heiho) reposa ampliamente en el pensamiento de estas dos disciplinas que inspiraron a Shigeru Egami una concepción de la eficacia que superaba la del karate de Okinawa ya que en el fondo de su investigación encarnizada de la eficacia, Shigeru Egami hizo bascular completamente esta noción: partiendo de la búsqueda de la eficacia más inmediata en el arte del combate, se fija en la eficacia que permite sobrepasar el combate, lo que ha dado a su karate una dimensión mística, casi religiosa.
En este sentido el karate de Shigeru Egami no es un replanteamiento, ni un desarrollo directo del karate de Gichin Funakoshi a quien, sin embargo, considera como el Maestro del cual cree ser el sucesor.
Shigeru Egami profundizó con pasión en el karate que aprendió de Gichin Funakoshi. En el curso de su búsqueda de eficacia duda de sus técnicas. Para resolver este problema lleva a cabo una investigación personal y afronta un gran número de obstáculos, entre otros, sus enfermedades que se agravan cuando sobrepasa los cuarenta años de edad.
La vía del karate de Shigeru Egami resulta un método de paz, heiho. Cierto, su alejamiento es personal, pero representa de la manera más evidente una de las direcciones en las que el karate de Okinawa evolucionó en las islas centrales de Japón.
En efecto, como escribió Shigeru Egami, el heiho como acabó definiendo su karate sumerge sus raíces en la cultura japonesa antigua. Shigeru Egami trabajó largamente bajo la dirección de Gichin Funakoshi. Recibió de él ciertamente unos consejos y una enseñanza para la formación de su karate. En efecto, dijo claramente que continuaba la vía trazada por su maestro. ¿Por qué entonces se atormentó tan duramente para reconstruir su karate? Si la transmisión del maestro era efectiva, este último podía dar aún consejos y lecciones, incluso siendo mayor.

Así es, Gichin Funakoshi murió en 1957 cuando Shigeru Egami tenía 45 años. Habiendo empezado el karate a los 18 años, Shigeru Egami conoció a Gichin Funakoshi durante 27 años. Siendo uno de los discípulos más importantes, pudo recibir las indicaciones prácticas que le habrían debido permitir concebir una perspectiva de evolución de su karate de allí en adelante.
Ahora bien, aun con sus conocimientos y sus posibilidades, debió poner en duda y empezar otra vez la construcción de su karate; podemos pues considerar que los conocimientos que le aportó el karate tradicional no eran tan importantes ya que, generalmente, en la transmisión del arte del combate, existen indicaciones para la evolución de una persona. Un principiante progresa, con el tiempo recibe del maestro indicaciones evolutivas y al cabo de diez o veinte años de ejercicios, estos le ayudan a encontrar una orientación que dirigirá su práctica en los siguientes diez o veinte años. Sin embargo, en el transcurso de su investigación Egami abandona el ejercicio de makiwara, inseparable de la imagen del entrenamiento de karate y llega a condenar su misma existencia; además, transforma audazmente las técnicas adquiridas hasta entonces. ¿Qué significa esto?
En lo que concierne al makiwara, hay dos posibles hipótesis:
Para el verdadero karate o el karate superior que es para Egami su karate, el ejercicio con makiwara no es solamente inútil, sino nocivo. Frena el progreso técnico y tiene una influencia nefasta sobre la salud. Se trata pues de una crítica del antiguo método de karate de Okinawa hecho a partir del descubrimiento de un método superior.
Shigeru Egami no aprendió el verdadero empleo del makiwara ya que no comprendió su utilización justa. Admitiendo esta hipótesis, G. Funakoshi no enseñó correctamente a sus alumnos el ejercicio del makiwara. Esto nos deja suponer que en Okinawa existe una transmisión del trabajo con makiwara que permite obtener un resultado más positivo del que Shigeru Egami constató, pero este método no se enseñó en el karate introducido en Japón.
En todo caso, apoyándose en la idea del heiho, Shigeru Egami forma un karate que es completamente diferente al que se practica en Okinawa. La noción de heiho es una de las formas de resultado de las artes marciales japonesas, donde, yendo hasta el final de la búsqueda de la eficacia en combate, el objetivo se desplaza de la muerte hasta la vida.
Esta noción se acerca a la del budo cuyas raíces se sumergen en la práctica de las artes marciales de los guerreros japoneses. El heiho, como el budo, no es un simple arte de combate, ni un replanteamiento directo de las antiguas prácticas de los guerreros, uno y otro apuntan a una formación del hombre a partir de la práctica de las artes marciales. Si bien el término budo existió antes del periodo Meiji (que empieza en 1868), la significación era entonces sensiblemente diferente de la que damos actualmente a este término.
La noción de budo que utilizamos hoy en día se remonta directamente a la fundación, a principios del S.XIX del judo y después del kendo a partir de formas antiguas de jujutsu y de kenjutsu. Se trata pues de una noción moderna. La noción de heiho apareció bastante antes en la historia de los guerreros japoneses, pero no fue elaborada como la de budo por la práctica moderna de las artes marciales; quedaba al margen de la práctica guerrera como una eventual sublimación de las artes guerreras. La idea del arte marcial se desarrolló en Japón según las etapas siguientes: cómo ganar destruyendo al adversario, cómo ganar utilizando menos fuerza, cómo ganar sin matar al adversario, cómo ganar sin hacer daño a su adversario, cómo no hacer la guerra y finalmente cómo establecer la paz. Ciertos guerreros del periodo Edo (1603-1867) incluyeron esta idea en su elaboración del arte de combate pero no fue difundida ampliamente y es si haber sido explicitada que penetra en la ideología de las artes marciales de los guerreros. Podemos constatar la emergencia de heiho y budo en el enfoque de los maestros de sable del siglo XVII.

Por ejemplo, Miyamoto Musashi libró más de sesenta duelos a muerte durante su juventud y mató a casi todos sus adversarios. Los combate del fin de su vida son poco conocidos. Musashi domina entonces sus adversarios sin darles un golpe. Alcanzó el nivel que le permitía bien inmovilizar, bien rechazar a su adversario sin tocarlo. No se trataba de ejercicios con alumnos próximos, sino adversarios que buscaban darle una estocada mortal. Cuando el adversario pierde en estas condiciones sin recibir un golpe, está conducido a una reflexión profunda sobre su técnica, su manera de ser. Se trata de un descubrimiento importante en la historia del arte del sable ya que, en lugar de matar, el sable puede convertirse en un medio de llevar al hombre a la búsqueda de la significación de su vida. Aparece la idea del sable que hace vivir al hombre. Esta idea presente en la noción de heiho e impregna con profundidad la concepción de las artes marciales de los guerreros japoneses del periodo Edo (bujutsu). Vencer al adversario sin darle un golpe es el modelo de referencia de lo que se busca en kendo con el combate por kizeme (ofensiva a través del ki). En kendo, todos los aprendizajes técnicos y los ejercicios físicos se sitúan como medios de conseguir llevar el combate de esta manera. La práctica deportiva del combate está también situada como un paso en este largo proceso de formación.
Así, las dos nociones, budo y heiho, están ancladas profundamente en la cultura tradicional de los guerreros japoneses; no forman parte de la cultura de Okinawa cuya formación cultura es bastante diferente de la cultura del Japón. En este sentido, podemos considerar que el karate del Maestro Shigeru Egami es una creación entre la fusión del karate de Okinawa y de la concepción de la práctica en las artes marciales japonesas.
El karate, introducido desde Okinawa en las islas centrales del Japón en el curso de los años 1920, se desarrolló progresivamente. Hay que aceptar que en el curso de la difusión del karate, este ha evolucionado en Japón fusionándose con las dos ideas de las artes marciales tradicionales japonesas. El karate de Shigeru Egami es un ejemplo.

Extraído del libro: Historia del Karaté-dô Escrito por Kenji Tokitsu

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